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REENCUENTRO EN SABADELL Y VIAJE A LA FERIA DEL VINILO EN BARCELONA

El fin de semana pasado tuve la oportunidad de hacer un viaje corto, planeado casi en el acto pues se me dio el día lunes como libre. La noticia me tomó por sorpresa y  aproveché para viajar a Barcelona y visitar a mi viejo amigo Miguel quien reside en la localidad de Sabadell. Hacía cerca de dos años que no nos veíamos pues ambos andábamos muy ajetreados en nuestras respectivas obligaciones, él en sus estudios y yo en mi trabajo. Esta me pareció una magnífica oportunidad para el reencuentro pues él se encontraba justamente en una semana de receso de las clases de su universidad y, lo mejor del caso era que compartíamos un pasa tiempo, nuestro gusto por la música. En efecto, Miguel al igual que yo coleccionaba música generalmente rock y música clásica, yo soy más investigador y ya hace más de una década que me he perdido en las selvas del jazz y del blues, de donde, por otra parte, no tengo intención de salir.

 

            Fue así que compré los boletos del avión que me trasladaría hasta Barcelona, la idea consistía en buscar un alojamiento rápido y barato en la ciudad, pues prácticamente sólo dejaría allí mis cosas para partir inmediatamente rumbo a Sabadell y caerle por sorpresa a Miguel. El sábado por la madrugada aterrizaba en Barcelona y, sin perder tiempo, me dirigí a un hostal, desempaqué mi maleta y me tiré a dormir por unas cuantas horas teniendo en mente salir temprano rumbo a la estación del autobús que me llevaría a la localidad donde residía mi amigo. El despertador sonaba faltando diez minutos para las siete de la mañana y de un salto brinqué de la cama, suelo hacer esto pues eso de cinco minutos más generalmente termina en una hora más y por otra parte uno se levanta aletargado y tarda algún tiempo en coger energías, debe ser por las hormonas del sueño que aún se encuentran circulando en sangre. No iba a dejar que este sea mi caso y me metí de frente a la ducha, agua tibia eso sí pues tampoco tengo vocación militar de darme un baño de agua helada. En quince minutos salía fresquísimo, me vestía y salía rumbo a la estación de autobús con una caja de leche que había comprado previamente, en el camino compré unas cuantas piezas de pan e iba apurando el desayuno mientras avanzaba rumbo a la estación. Una vez en mi autobús, decidí coger un poco de sueño ya que eran dos horas de viaje hasta Sabadell, con eso quedaba cubierta mi cuota de sueño tal como había planeado. El viaje fue bastante cómodo y los rayos de sol que entraban por mi ventana se encargaron de despertarme, al poco el bus se detenía en la estación de llegada, bajé sin equipaje como me gusta y cogí un taxi rumbo a la casa de Miguel. En diez minutos ya estaba frente a su puerta y tocando el timbre, el mismo me abrió la puerta y se quedó helado al verme, ambos seguíamos igual. Nos abrazamos efusivamente y me invitó a pasar.

 

            Ya en la sala de Miguel, decidimos escuchar un poco de buena música y conversar acerca de lo que nos había tocado vivir en estos dos últimos años. La idea era pasarla ahí hasta la hora del almuerzo, donde comeríamos en compañía de sus padres para luego viajar de vuelta a Barcelona y asistir a la feria del coleccionismo que se lleva a cabo en esta ciudad desde hace más de quince años. Ese era el verdadero plato fuerte de la jornada, la hora se nos pasó volando y llegó la hora del almuerzo, una hora más y partimos rumbo a la ciudad, otras dos horas, ya eran las cinco aproximadamente cuando bajamos del autobús, cogimos un taxi y a toda velocidad a la feria del coleccionismo. Como siempre quedamos como niños en dulcería al cruzar la puerta de ingreso, ver tantos stands dedicados al mundo de la música resultaba mágico y nos entregamos de lleno al momento. En esta ocasión lo que más me llamó la atención fue la memorabilia de Elvis Presley que encontramos en la feria y, en especial, un cuadro que contenía un poco del cabello del rey del rock and roll. En efecto, el cuadro mostraba la foto del peluquero en plena acción, recortando el cabello de un aun delgado Elvis mansamente sentado en la silla de la peluquería. A un costado de la foto, se veía un diminuto marco conteniendo apenas un centímetro de una fibra capilar de Elvis. Evidentemente el negocio era la voz cantante y estos recordatorios habían sido producidos en varias unidades que tenían como precio base de subasta 500 euros.

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