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SI VIAJA A ESTADOS UNIDOS NO SE LE VAYA A OCURRIR ENFERMARSE BAJO NINGÚN MOTIVO

Los viajes siempre son motivo de relajamiento, por lo general todo viaje que se organice en base al divertimento y como parte de unos días de vacaciones resulta bastante renovador, uno regresa con otra actitud, mejora la disposición para volver a la rutina del trabajo. Al planear lo que será nuestro viaje lo primero que hacemos es fijar el lugar de destino, muchos no pueden apartar de su mente los destinos paradisíacos como las islas del Mar Caribe o algunas bahías de las costas africanas, otros no podemos quitar de nuestra mente la asociación de un viaje con el crecimiento y aprovechamiento cultural que podamos tener, pensamos en medio oriente, en las mezquitas de Israel o en los museos griegos o en los países latinos que albergaron culturas casi mágicas como la Inca en Perú o la Maya en México. Otro grupo de personas no toma ni uno ni otro bando y simplemente deja que el Destino lo lleve en sus alas y viajan casi sin planificación previa. Lo segundo que se hace antes de salir de viaje es informarse acerca del destino que uno ha definido como punto de llegada. Es así que de paso vemos que paquetes turísticos nos convienen más según los días que pasaremos en tierras extranjeras, vemos quiénes viajarán con nosotros y qué actividades les gusta hacer. Al tiempo vamos definiendo donde nos alojaremos, si en un hotel lujoso o si buscaremos un hotel de precios más razonables. Por último vemos lo concerniente al financiamiento del viaje, si es que vamos a usar nuestra tarjeta de crédito o si lo pagaremos al contado de un solo tirón sin olvidarnos de hacer uso de las millas de vuelo que hayamos acumulado en anteriores viajes y que nos puedan significar un buen descuento en la actualidad.

 

            Ese es el meollo de un viaje, lo que viene después viene por su propio peso. Hacer las maletas eligiendo la ropa que llevaremos según la estación y el clima que encontraremos a nuestra llegada, los más previsores llevan un botiquín de primeros auxilios con pastillas de uso frecuente entre los que viajan, como pueden ser píldoras para el mareo o cápsulas para una posible indigestión, quizá antiácidos para prevenir que las comidas extranjeras no nos digieran con facilidad. Las infaltables tabletas para el dolor de cabeza o para las resacas, en fin, todo parece estar en orden y no falta nada. Pero aquí es donde quiero detenerme un poco, ¿Conocen ustedes a alguien que viaje con un seguro médico? Quiero decir que alguien lleve la documentación que acredite que su seguro médico le cubre en caso de accidente o enfermedad en el extranjero. Yo la verdad no tengo conocimiento de ninguna persona conocida mía que haya pensado en esto, al contrario, supe el caso de una persona que se pesó en el alma no haber calculado la posibilidad de sufrir una contingencia mayúscula en pleno viaje. En efecto, una amiga de mis suegros pasó por un amargo trance en su viaje a los Estados Unidos que me gustaría compartir con ustedes.

 

            Para empezar diremos que la mujer en cuestión era bastante mayor, digamos unos setenta años aproximadamente. Había viajado a los Estados Unidos para visitar a uno de sus hijos que se encuentra radicando en territorio norteamericano desde hace algunos años. Rosario es una mujer muy previsora e hizo todo lo que les conté en los dos primeros párrafos ya que pensaba pasar cerca de un mes en compañía de su hijo y sus nietos, el alojamiento iba a ser en casa de su propio hijo y sólo gastaba el pasaje y un pequeño tour que tomó para ella sola puesto que hacía un año había enviudado. Una vez en territorio norteamericano pasó las primeras tres semanas de maravilla, engriendo a sus nietos básicamente, según me cuenta. Pero el destino le tenía reservado un trago muy amargo para la última semana. Luego de las tres semanas, Rosario se despidió de su hijo y su familia y marchó rumbo a Texas donde había planeado tomar un tour por algunos puntos turísticos de ese estado. Ya estando allí, sola, se empezó a sentir mal, se sentía mareada y con una profunda pesadez, al parecer algo que comió no le cayó bien y su situación empeoraba con las horas, esa madrugada tendía unos dolores abdominales tremendos, según me contó, y ya en el amanecer el dolor, lejos de resumir, se irradió hacia una de sus piernas por lo que llamó inmediatamente a su hijo al tiempo que marchaba al hospital más cercano con todo y su dolor. Ingresó por emergencias y el diagnóstico fue rápido, Rosario estaba en la transición de una apendicitis a una muy peligrosa peritonitis, había que operar de inmediato. Afortunadamente todo salió bien y Rosario pasó a sala de recuperación, al día siguiente llegaba su hijo con el corazón en la mano pero se alivió al ver que su madre salió bien de cirugía. En la vorágine de los acontecimientos no se hizo el cálculo de los costos de la operación y Rosario y su hijo se llevaron tremenda sorpresa al ver que el costo de la operación alcanzó los 30 000 dólares. Increíble pero cierto, así son los costos médicos en los Estados Unidos según me cuentan algunas amistades y lo peor del caso es que no tenía un seguro que amortizara el elevado costo.

Comentarios

Tienes razon amigo aqui en este pais no te dejan morir y te dan la atencion medica mas sorprendente de tu vida y eso te alivia psicologicamente, pero cuando te pasan las facturas por los gastos vuelves a recaer y quedas aun mas graves, pues los costos son extraterrestres.

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