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BAILANDO EN LAS VEREDAS

Ayer se jugó una fecha más por las rondas clasificatorias a la Euro 2008, se vieron buenos partidos, sin duda lo más destacable fue la caída de Inglaterra en su propia cancha ante la sorprendente Croacia. La fiesta del fútbol es así y cada vez que se dan estos partidos internacionales, no puedo evitar recordar el viaje que hice el año pasado a Alemania. Mi viaje no fue planeado pensando en el mundial de fútbol que se jugó ese año en el país bávaro, todo lo contrario, era un viaje de negocios, donde debía reunirme con varios empresarios que tenía en agenda para finiquitar unas remesas de importaciones. Sin embargo, no fui ajeno a la fiesta del fútbol que se vivía en aquel país, donde más que nunca se reunió un crisol de razas y culturas provenientes de distintas partes del globo, la mayoría por mero turismo pero en estricta relación con el contexto deportivo. Como sabemos, Alemania es uno de los países que mayor índice de inmigrantes presenta, muchos latinos y habitantes de otros países de la comunidad viven y tienen sus negocios en este país, por lo tanto una saturación de sus principales ciudades se pudo apreciar en esas fechas.

 

            En efecto, no había un día que no viera desfiles en las calles, la gente que participaba en estas festividades eran de varios países, todos se mezclaban unos con otros, sin importar que sus selecciones se enfrentaran ese mismo día, era una verdadera fiesta. En ese sentido, los más entusiastas eran los brasileros, siempre los encontraba bailando en las veredas e invitando a todo el mundo a sumarse a su carnaval. Otros que eran unos entusiastas a la hora de divertirse eran los africanos, sobre todo los de Costa de Marfil, habían viajado en gran número hasta Alemania pensando que su selección, de la mano de Drogba, llegaría hasta las finales del certamen. Lamentablemente su equipo no pudo pasar siquiera la primera ronda, pero esto no menguó en nada su alegría de vivir y se quedaron durante todo el tiempo que duró el mundial y quien sabe más. Yo por mi parte, siempre andaba de saco y corbata por las calurosas calles, de reunión en reunión pero los días se me fueron volando puesto que las calles eran una fiesta y en más de una ocasión no me pude resistir y dediqué unos cuantos minutos a contagiarme de ese entusiasmo y ponerme a bailar ahí mismo en las calles.

 

            Recuerdo que uno de los partidos que esperaba con más ansias fue el que sostendríamos con Francia, ellos venían mal y nosotros muy bien, era el momento preciso para darles un puntillazo y pasar a cuartos de final, pero nos dieron un baile y empezaron a levantar su juego. No se que me sucedió pero empecé a alentar a los franceses, cantaba la marsellesa en las calles cuando podía, grité el gol de Henry que eliminó a los brasileros como lo hubiese hecho Napoleón. Terminé acompañando a los galos hasta la gran final. Ese día evidentemente no se laboraba y acudí a la plaza de Frankfurt a ver la final en pantalla gigante. Todos los alemanes estaban con Francia también puesto que los italianos los habían eliminado en las semifinales. El partido se presentaba muy cerrado y lleno de nervios. Un penal a favor de Francia nos ponía del lado de los vencedores, lamentablemente el empate de los italianos llegaba al poco y la tonta expulsión del mejor jugador del mundial mermaba a los franceses dejando toda la suerte en alas de los penales. Ahí cualquiera podía ganar y la victoria fue para los romanos. Sin embargo la fiesta tampoco se opacó y las celebraciones se extendieron hasta el mediodía del lunes. Ese día tampoco fue laborable, al menos para mí.

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